lunes, 7 de diciembre de 2015
jueves, 3 de diciembre de 2015
NO SE HACEN EXCEPCIONES CON LA GENTE BUENA
CAPITULO 4.
NO SE HACEN EXCEPCIONES
CON LA GENTE BUENA.
Hace cientos de años, las historias de milagros ayudaban a que la gente
se sintiera más segura de la existencia de Dios.
Se decía, por ejemplo, que Dios había dividido el mar para que los pudieran
cruzarlo sobre tierra seca.
Se relataban historias que afirmaban que Dios había hecho llover en
respuesta a las oraciones de un hombre justo, o cambiado el curso de un río y
hasta la dirección en la que gira el Sol.
Se recordaba el relato de Daniel que salió ileso de la cueva de leones, y
de Shadrach, Meshach y Abednego, que sobrevivieron a las llamas.
El mensaje de todas esas historias era asegurarnos que bias se preocupaba
tanto por nosotros que estaba dispuesto a suspender las leyes de la naturaleza
para apoyar y proteger a sus favoritos.
Si hay algo en lo cual encontramos una prueba de la existencia de Dios es
precisamente en el hecho de que las leyes de la naturaleza no cambian.
Dios nos ha dado un mundo maravilloso, exacto y ordenado.
Una de las cosas que hacen que se pueda vivir en el mundo es el hecho de
que las leyes de la naturaleza son precisas y confiables, de que siempre
funcionan del mismo modo.
Existe la gravedad: los objetos pesados caen siempre hacia la tierra.
Por lo tanto, un constructor puede levantar una casa sin que los
materiales floten en el aire.
Existe la química: la mezcla de ciertos elementos en determinadas
proporciones siempre da el mismo resultado, por lo tanto un médico puede
recetar un remedio y saber cuál será su efecto.
Podemos predecir a qué hora saldrá y se pondrá el Sol un día determinado.
Podemos predecir, inclusive, el momento en que la Luna tapará al Sol
causando un eclipse.
En la antigüedad, un eclipse era un hecho antinatural y se interpretaba
como una advertencia de Dios.
En la actualidad, es un hecho totalmente natural, un recordatorio de que
Dios nos ha dado un universo sumamente preciso.
Nuestro cuerpo humano es un milagro, no porque desafíe las leyes de la
naturaleza sino precisamente porque las obedece.
Nuestro sistema digestivo extrae los elementos nutritivos de los alimentos.
Nuestra piel ayuda a regular la temperatura corporal mediante la
transpiración.
Las pupilas de nuestros ojos se expanden y contraen en respuesta a la
luz.
Inclusive cuando enfermamos, nuestro cuerpo posee mecanismos de
autodefensa para luchar contra la enfermedad.
Todas estas cosas maravillosas suceden por lo general sin que seamos
conscientes de ello, de acuerdo con las leyes más precisas de la naturaleza.
Ese, y no la separación legendaria del Mar Rojo, es el verdadero milagro.
Las leyes de la naturaleza tratan a todos por igual.
No hacen excepciones, no eligen entre los buenos y los malos, los útiles
y los que no lo son.
Si un hombre entra en una casa donde alguien tiene una enfermedad
contagiosa, corre el riesgo de contraer la enfermedad.
El hecho por el cual está en la casa no tiene importancia.
Puede ser un médico o un ladrón; los gérmenes de la enfermedad no notan
la diferencia.
Las compañías de seguros se refieren a los huracanes, terremotos y otros
desastres naturales como "actos de Dios".
Yo creo que ése es uno de los casos en que se usa el nombre de Dios en vano.
No creo que un terremoto que mata miles de víctimas inocentes sin motivo
alguno sea un acto de Dios.
Es un acto de la naturaleza. La naturaleza es moralmente ciega, no tiene
valores.
Simplemente se mueve, siguiendo sus propias leyes, sin importarle quién o
qué se interponga en su camino. Dios no es moralmente ciego.
Yo no podría venerarlo si pensara que lo es.
Dios representa la justicia, la equidad, la compasión.
Para mí, el terremoto no es un "acto de Dios".
El acto de Dios es el valor de la gente que reconstruye su vida después
del terremoto y la respuesta de los demás para ayudarlas con los medios que
tienen a su alcance.
Creo que esas calamidades son actos de la naturaleza y que no existe una
razón moral para considerar que se trató de un castigo.
Quizás, a medida que los seres humanos apliquen la inteligencia que les
dio Dios al área de los desastres naturales, algún día podremos comprender el
proceso físico que produce los terremotos, huracanes y la fatiga del metal y
aprenderemos a preverlos o, inclusive, a impedirlos.
Cuando ello suceda, será menor la cantidad de personas que caiga víctima
de los mal llamados "actos de Dios".
El dolor es una parte desagradable pero necesaria de estar vivos.
Sentimos dolor cuando esforzamos nuestros músculos más de lo que pueden
soportar.
Es el dolor el que nos hace apartar la mano con rapidez de algo que está
caliente antes de que nos queme gravemente.
El dolor es una señal de que algo está mal en esa máquina maravillosa y
compleja que es nuestro cuerpo.
Podemos pensar equivocadamente que el dolor es uno de los modos en que
Dios nos castiga.
Tal vez, cuando lo creemos, nos acordamos de que uno de nuestros padres
nos daba una palmada cuando éramos niños.
Eso tal vez hace que pensemos que todas las cosas desagradables que nos
suceden son un castigo.
En realidad, la palabra "dolor" tiene la misma raíz del latín
que "castigo" y "multa".
Pero el dolor no significa que Dios nos está castigando.
Es el modo en que la naturaleza advierte a la gente (buena y mala por
igual) que algo está mal.
Quizá la vida sea desagradable porque estamos sujetos al dolor.
Alguien dijo que un hombre con dolor de muelas que camina por un bosque
no puede apreciar la belleza del bosque porque le duele la muela.
Pero la vida sería peligrosa, quizás insoportable, si no pudiéramos
sentir dolor.
Pero esa clase de dolor el hueso roto, la hornalla caliente- es una
respuesta a nivel animal.
Los animales sienten esa clase de dolor tanto como nosotros.
No es necesario tener alma para sentir dolor cuando algo agudo se clava
en la carne.
Sin embargo, existe otro nivel del dolor que solamente sienten los seres
humanos. Solamente los seres humanos pueden hallar un significado a su dolor.
Consideremos lo siguiente: los científicos han encontrado un modo de
medir la intensidad del dolor que sentimos.
Pueden medir el hecho de que una migraña duele más que un raspón en la rodilla.
y han determinado que las dos experiencias más dolorosas que puede sufrir un
ser humano son dar a luz y un cólico renal.
Desde un punto de vista puramente físico, los dos hechos causan el mismo
dolor, y no hay nada que los iguale.
Pero desde el punto de vista humano, los dos son diferentes.
El dolor de un cólico renal es simplemente un sufrimiento sin sentido, el
resultado de una deficiencia natural en alguna parte de nuestro cuerpo.
Pero el dolor de parto es un dolor creativo.
Es un dolor que tiene significado, un dolor que da vida, que lleva a
algo.
Por esa razón, la gente que sufre un cólico renal dice, por lo general,
que daría cualquier cosa por no tener que pasar por lo mismo otra vez, pero la
mujer que ha dado a luz un hijo, como el corredor o el alpinista que hizo un esfuerzo
físico por llegar a su meta, puede trascender su dolor y repetir la
experiencia.
El dolor es el precio que pagamos por estar vivos.
Las células muertas nuestros cabellos, nuestras uñas no sienten dolor; no
sienten nada.
Cuando lo comprendamos, nuestra pregunta ya no será ¿por qué tenemos que
sentir dolor?" sino ¿qué hacemos con nuestro dolor para que se convierta
en un sufrimiento significativo y no en un sufrimiento sin sentido y vacío?
¿Cómo podemos convertir todas las experiencias dolorosas de nuestra vida
en dolores de parto o en dolores de crecimiento?"
Es probable que jamás lleguemos a comprender por qué sufrimos, que jamás podamos
controlar las fuerzas que causan nuestro sufrimiento, pero podemos llegar a
decir mucho acerca de lo que nos hace el sufrimiento, y la clase de personas en
las que nos convertimos debido a él. El dolor convierte a algunas personas en
seres envidiosos y amargados.
Hace que otras sean sensibles y compasivas.
Es el resultado, y no la causa, del dolor lo que hace que ciertas
experiencias dolorosas sean significativas y otras vacías y destructivas.
¿Pero por qué el cáncer? ¿Por qué la ceguera y la diabetes y la presión
alta y la deficiencia renal?
¿Por qué se producen fallas espontáneas en nuestro organismo sin que
nosotros las hayamos provocado a través de malos hábitos de salud?
Explicar que el retraso mental es el resultado de un cromosoma defectuoso
es ofrecer una explicación que, en realidad, no explica nada.
¿Por qué los cromosomas Son defectuosos? ¿Y por qué debe depender la
posibilidad futura de felicidad de una persona de que no lo sean?
Job hacía preguntas acerca de Dios, pero no necesitaba lecciones de
teología. Necesitaba simpatía y compasión y que le reafirmaran que era una
persona buena y un amigo querido.
Mi vecino me hace preguntas acerca de su enfermedad, pero si yo le
contestara con lecciones de biología y genética, no estaría comprendiendo sus
necesidades.
Mi vecino, como Job, necesita que le digan que lo que le está sucediendo
es terriblemente injusto.
Necesita ayuda para mantener fuertes su mente y espíritu, para contemplar
un futuro en el cual pueda pensar, planear y decidir, aunque no pueda caminar o
nadar, y en el cual no tendrá que ser un tullido dependiente e indefenso a
pesar de la pérdida de ciertas habilidades.
No nos atrevemos a intentarlo. Sería cruel y desconsiderado.
Lo único que podemos decirle a alguien en un momento como ese es que la
vulnerabilidad frente a la muerte es una de las condiciones de la vida.
No podemos explicarla como tampoco podemos explicar la vida en sí misma.
No podemos controlarla, y algunas veces, ni siquiera posponerla.
Lo único que podemos hacer es intentar elevarnos sobre la pregunta"
¿por qué pasó?" y comenzar a preguntarnos"¿qué haré ahora que pasó?
(RESUMEN DEL LIBRO CUANDO LA GENTE BUENA SUFRE-
HAROLD S. KUSHNER)
miércoles, 2 de diciembre de 2015
ALGUNAS VECES NO HAY MOTIVOS
CAPITULO 3.
ALGUNAS VECES NO HAY
MOTIVOS.
Si las cosas malas que nos
pasan, son por mala suerte, no por voluntad de Dios me preguntó una mujer una
noche después de que dicté una conferencia sobre mi teología, ¿de dónde viene
la mala suerte?
Me quedé mudo.
Instintivamente, le hubiera dicho que nada produce la mala suerte; las cosas
pasan, y eso es todo. Pero sospechaba que debía de haber algo más.
Cuando un hombre y una mujer
se unen para hacer el amor, el hombre eyacula millones de espermatozoides, y
cada uno de ellos posee un conjunto diferente de características heredadas biológicamente.
Ninguna inteligencia moral
decide cuál de esos espermatozoides fertilizará el óvulo. Algunos de ellos
producirán un niño con una discapacidad física o, quizás, una enfermedad fatal.
Otros, no sólo le darán
buena salud, sino una habilidad atlética o musical superior o una inteligencia
creativa.
La determinación fortuita de
esa carrera moldeará por completo la vida del niño, y afectará profundamente la
vida de sus padres y familiares.
Los accidentes no existen.
Pero cuando las leyes de la
física y la fatiga del metal hacen que se desprenda el ala de un avión, o
cuando el descuido humano provoca una falla en un motor y el avión se estrella
matando a doscientas personas, ¿fue por voluntad de Dios que esas doscientas
personas (y no otras) estaban ese día en un avión condenado?
Y si al pasajero doscientos uno
se le pinchó un neumático cuando iba camino al aeropuerto y perdió el avión,
protestando y maldiciendo su suerte mientras lo veía decolar sin él, ¿fue la
voluntad de Dios que él viviera y los otros no?
De ser así, tendríamos que
preguntarnos qué clase de mensaje nos está enviando Dios con Sus actos
aparentemente arbitrarios de condena y salvación.
Preguntémonos nuevamente:
¿siempre hay un motivo para todo, o algunas cosas suceden simplemente al azar,
sin causa alguna?
Cierta vez le pregunté a uno
de mis amigos, un físico de renombre, si desde el punto de vista científico el
mundo se estaba convirtiendo en un lugar más ordenado, si el azar iba en
aumento o disminuía con el transcurso del tiempo.
Él me respondió citando la
segunda ley de termodinámica, la ley de entropía: Todo sistema, librado a sí
mismo, cambiará tendiendo a aproximarse al equilibrio.
El caos residual, la suerte
o la desgracia, las cosas que suceden sin motivo alguno continuarán
acompañándonos, esa clase de maldad que Milton Steinberg denominó: "el
andamio que aún no ha sido retirado del edificio de la creatividad de
Dios".
En ese caso, tendremos que
aprender a vivir con él, sostenidos y consolados por la convicción de que el terremoto
y el accidente, como el asesinato y el robo, no se producen por voluntad de
Dios; la convicción de que representan un aspecto de la realidad independiente
de Su voluntad, un aspecto que enfurece y entristece a Dios tanto como nos enfurece
y entristece a nosotros.
(RESUMEN DEL LIBRO CUANDO LA GENTE BUENA SUFRE-
HAROLD S. KUSHNER)
LA HISTORIA DE UN HOMBRE LLAMADO JOB
CAPITULO 2.
LA HISTORIA DE UN
HOMBRE LLAMADO JOB.
Hace alrededor de dos mil
quinientos años, vivió un hombre cuyo nombre no conoceremos jamás, un hombre
que enriqueció la mente y la vida de los seres humanos.
Era un hombre sensible que
veía que la gente buena enfermaba y moría alrededor de él, mientras los ricos y
egoístas prosperaban.
Oyó todos los intentos
eruditos, inteligentes y piadosos por explicar la vida y estaba tan
insatisfecho con ellos como nosotros en la actualidad.
Como era una persona con
grandes dotes literarias e intelectuales, escribió un largo poema filosófico
acerca de las razones por las cuales Dios permite que le sucedan cosas malas a
la gente buena.
Ese poema está incluido en
la Biblia bajo el nombre de: El Libro de Job.
Thomas Carlyle dijo que el
Libro de Job es "el poema más maravilloso de todas las épocas y todos los
idiomas; nuestro primer intento, y el más antiguo, por hallar una respuesta al
problema eterno: el destino del hombre y la voluntad de Dios para con él aquí
en la Tierra...
No se ha escrito nada que
posea un mérito literario similar dentro o fuera de la Biblia".
¿Quién fue Job y de qué
trata el libro que lleva su nombre?
Los estudiosos creen que
hace muchos, muchos años debe de haber existido una historia popular muy
difundida, una especie de fábula con moraleja relatada para reforzar los
sentimientos religiosos de la gente, acerca de un hombre piadoso llamado Job.
Un día, relata la historia,
Satán compareció ante Dios para contarle sobre las cosas pecaminosas que la
gente estaba haciendo en la Tierra. Entonces, Dios le dijo: "¿Has visto a
Mi siervo Job?
No hay nadie como él en la Tierra, un hombre profundamente
bueno que no peca jamás". Y
Satán le respondió a Dios:
"Por supuesto, Job es
piadoso y obediente. Y tú lo premias derramando riquezas y bendiciones sobre
él. Quítale esas bendiciones y verás cuánto tiempo continúa siendo Tu siervo
obediente".
Dios acepta el desafío de
Satán. Sin informarle a Job lo que está sucediendo, destruye su casa y ganado y
mata a sus hijos.
Cubre el cuerpo de Job con
furúnculos y convierte cada instante de su vida en una tortura física.
La esposa de Job le insiste
para que maldiga a Dios, aunque eso pueda significar que Dios lo fulmine.
Dios no puede hacerle nada
peor de lo que ya le ha hecho, le dice.
Tres amigos van a consolado
y ellos también le aconsejan que abandone su piedad, habiendo cuenta de las
recompensas que le ha dado.
Pero Job permanece firme en
su fe. Nada de lo que le suceda puede hacerla abandonar su devoción a Dios.
Finalmente, Dios aparece,
reprende a los amigos por sus consejos y recompensa a Job por su fidelidad.
Le da una casa nueva, una
fortuna nueva y nuevos hijos.
La moraleja de la historia
es esta: cuando lleguen tiempos difíciles, no te sientas tentado a abandonar tu
fe en Dios.
Él tiene razones para hacer
lo que hace y si te aferras a tu fe el tiempo suficiente, Dios te recompensará
por tus sufrimientos.
No pierdas la fe a pesar de estas calamidades.
Tenemos un Padre amoroso en el Cielo y Él se ocupará de que los justos
prosperen y los malvados reciban su castigo.
Y Dios aparece.
Llega una terrible tormenta
de viento desde el desierto y Dios responde a Job desde un torbellino.
El caso de Job es tan
apremiante, su desafío tan poderoso, que Dios mismo baja a la Tierra para
responderle.
Pero es difícil comprenderla
respuesta de Dios. No habla en modo alguno del caso de Job, no hace un detalle
de los pecados de Job ni explica sus sufrimientos. Por el contrario, le dice a
Job: ¿qué sabes tú acerca del modo en que se dirige un mundo?
¿Dónde estabas cuando yo
fundaba la Tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.
¿Quién fijó las medidas de
la Tierra? ¿Lo sabes acaso?
¿Quién tendió sobre ella la
cuerda para medir? ...
¿Quién encerró con dos
puertas al mar? ...
Yo tracé un límite alrededor
de él, le puse cerrojos y puertas,
y le dije: "Llegarás
hasta aquí y no pasarás ¿Has penetrado hasta los depósitos de la nieve, has
visto las reservas del granizo? .
¿Observas el parto de las ciervas? .
¿Le das tú la fuerza al caballo? .
¿Es por tu inteligencia que
se cubre de plumas el halcón
y despliega sus alas hacia
el sur?
(Job 38,39)
Y entonces le responde un
Job diferente, diciendo: "Me cubro la boca con las manos.
Ya he hablado demasiado;
ahora no diré nada más".
Para tratar de comprender el
libro y su respuesta a nuestro problema, tomemos nota de los
tres enunciados que todos
los personajes del libro, y la mayoría de los lectores, desearían poder creer:
A. Dios es omnipotente y
causa todo lo que sucede en el mundo. No sucede nada sin que Él lo desee.
B. Dios es bueno y justo, y
se preocupa por que la gente reciba su merecido, desea que los justos prosperen
y los malvados reciban su castigo.
C. Job es una buena persona.
Job considera que Dios está
por encima de la noción de equidad, que es tan poderoso que las normas morales
no se Le aplican.
Dios se presenta como un
potentado oriental con poder ilimitado sobre la vida y propiedad de sus
servidores. Y, en realidad, la antigua fábula de Job retrata a Dios de ese
modo, como una deidad que castiga a Job sin ningún fundamento moral a fin de
probar su lealtad, y que considera que después lo "compensa" al
recompensarlo generosamente.
El Dios de la fábula, que
durante muchas generaciones fue considerado una figura digna de veneración, es
muy similar a un rey anciano (inseguro) que recompensa a la gente por su lealtad
en lugar de hacerlo por su bondad.
Las personas inocentes sufren infortunios en su vida.
Les pasan cosas que no se merecen: pierden su trabajo, enfermen, sus
hijos sufren o los hacen sufrir a ellos.
Pero cuando eso pasa, no se trata de un castigo de Dios por algo que
hicieron mal. Los infortunios no provienen de Dios.
Recurriremos a Dios, no para que Él nos juzgue o nos perdone, tampoco
para que nos recompense o nos castigue; recurriremos a Él en busca de consuelo
y fortaleza.
(RESUMEN DEL LIBRO CUANDO LA GENTE BUENA SUFRE-
HAROLD S. KUSHNER)
¿POR QUÉ SUFREN LAS BUENAS PERSONAS?
CAPITULO 1.
¿POR QUÉ SUFREN LAS BUENAS PERSONAS?
Hay una sola pregunta que
realmente importa:
¿por qué le pasan cosas
malas a la gente buena?
Cualquier otra conversación
teológica sería una distracción intelectual; algo así como completar el
crucigrama del periódico dominical y sentirse muy satisfecho cuando las palabras
concuerdan sin darse cuenta de que, en definitiva, se sigue sin la capacidad
para llegar a las personas en relación con lo que a ellas realmente les
importa.
Prácticamente todas las conversaciones
significativas que he sostenido con otras personas sobre el tema de Dios y la religión
comenzaron con esa pregunta o fueron a parar a ella.
La mujer o el hombre
angustiado que acaba de salir del consultorio del médico con un diagnóstico desalentador
tienen algo en común pero también lo tienen el estudiante universitario que me
dice que ha decidido que Dios no existe o el desconocido que se me acerca en
una fiesta en el instante en que estoy por pedirle mi abrigo a la anfitriona y
me dice: "Así que es un rabino; ¿cómo puede creer que ... Todos están preocupados
por la distribución injusta del sufrimiento en el mundo ?"
El infortunio de los buenos
es un problema, y no sólo para la gente que lo sufre y los seres que los
rodean.
Lo es para todos los que
desean creer en un mundo justo y equitativo y habitable.
Es inevitable que se
formulen preguntas acerca de la bondad, la generosidad e inclusive la
existencia de Dios.
No es necesario que las
personas sean seres humanos santos y extraordinarios para enfrentarse a ese
problema.
Es probable que no nos
preguntemos con frecuencia: ¿por qué sufre la gente que es generosa, la gente
que nunca hace nada malo?", pero eso es porque conocemos a muy pocos
individuos así.
Lo que sí nos preguntamos
con frecuencia es por qué la gente común, los vecinos amables y amistosos, que
no son ni extraordinariamente buenos ni extraordinariamente malos, deben
enfrentar repentinamente la agonía del dolor y la tragedia. Si el mundo fuera
justo, no se merecerían ese dolor.
No son mucho mejores ni
mucho peores que la mayoría de la gente que conocemos; ¿por qué ha de ser más
difícil su vida?
Cuando nos preguntamos:
“¿Por qué sufren las personas buenas?” o “¿por qué le pasan cosas malas a la
gente buena?", nuestra preocupación no está limitada al martirio de los
santos y sabios; es un intento por comprender por qué la gente común nosotros y
las personas que nos rodean- debe soportar una carga extraordinaria de pena y dolor.
Uno de los modos en que la gente intentó dar sentido al sufrimiento
del mundo, en cada generación, fue suponiendo que nos merecemos lo que recibimos,
que nuestro infortunio es, en cierto modo, un castigo por nuestros pecados:
i Feliz el justo, porque le irá bien, comerá el fruto de
sus acciones! ¡Ay del malvado, porque le irá mal, se le devolverá lo que
hicieron sus manos!
(Isaías 3:10-11)
Er desagradó al Señor, y el Señor lo hizo morir.
(Génesis 38:7)
Al justo no le pasará nada malo, pero los malvados están
llenos de desgracias. (Proverbios
12:21)
Recuerda esto: ¿quién pereció siendo inocente o dónde fueron
exterminados los hombres rectos?
(Job 4:7)
Así, por ejemplo, el Salmo noventa y dos alaba a Dios por
el maravilloso, inmaculado y justo mundo que nos ha dado y sugiere que la gente
insensata le encuentra defectos porque es impaciente y no le da a Dios el
tiempo necesario para que emerja Su justicia.
¡Qué grandes son tus obras, Señor, qué profundos tus
designios!
El hombre insensato no conoce
y el necio no entiende estas cosas.
Si los impíos crecen como la hierba
y florecen los que hacen el mal,
es para ser destruidos eternamente ...
El justo florecerá como la palmera,
crecerá como los cedros del Líbano ...
Para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en Quien
no existe la maldad.
(Salmo 92:6-8, 13, 16)
Yo fui padre de un niño
discapacitado durante catorce años hasta que murió. No hallé consuelo en la
noción de que Dios me había elegido porque reconocía una fortaleza espiritual especial
en mi interior y sabía que yo podría sobrellevarlo mejor.
Eso no me hizo sentir
"privilegiado" ni tampoco me ayudó a comprender por qué Dios debe
enviar niños discapacitados a cientos de miles de familias confiadas cada año.
Todas las respuestas a la
tragedia que hemos considerado tienen, por lo menos, un aspecto en común Todas
suponen que Dios es la causa de nuestro sufrimiento e intentan comprender por qué
Dios quiere que suframos.
¿Es por nuestro propio bien
o un castigo que nos merecemos, o será que a Dios no le importa lo que nos
pasa?
Muchas de las respuestas son
sensatas e imaginativas pero ninguna totalmente satisfactoria.
Algunas nos llevan a
culparnos para proteger la reputación de Dios.
Otras nos piden que neguemos
la realidad o reprimamos nuestros verdaderos sentimientos.
Nos hacen odiarnos por
merecer ese destino u odiar a Dios por enviárnoslo, a pesar de que no nos lo merecíamos.
Pero puede haber otro
enfoque.
Quizá Dios no causa nuestro
sufrimiento.
Quizá no sucede por voluntad
de Dios sino por otras razones.
El salmista escribe:
"Levanto mis ojos a las montañas:
¿De dónde me vendrá la
ayuda? La ayuda me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra". (Salmo
121:1-2)
No dice: "Mi dolor
viene del Señor" ni "mi tragedia viene del Señor". Dice:
"la ayuda me viene del Señor".
¿No es posible que Dios no
cause las cosas malas que nos suceden? ¿No es posible que Él no decida qué
familias darán a luz un niño discapacitado, que Él no haya dispuesto que Ron
quedara lisiado debido a una bala o Helen, a una enfermedad degenerativa, sino
por el contrario que Él esté dispuesto a ayudarlos y ayudarnos a sobrellevar
nuestras tragedias si logramos superar los sentimientos de culpa e ira que nos
separan de Él?
Por qué Dios me hizo esto a
mí?" no es, en realidad, la pregunta que debemos formulamos?
El estudio más profundo y
completo del sufrimiento humano que encontramos en la Biblia, y quizás en toda
la literatura, es el Libro de Job.
A continuación, nos
abocaremos al examen de ese libro.
(RESUMEN DEL LIBRO CUANDO LA GENTE BUENA SUFRE- HAROLD S. KUSHNER)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


